Lagrimas de cenizas


“Mami, tú y papi ya no me quieren!” le exclama el mayor de dos hijos a su madre. “Por qué dices eso hijo?” le contesta su madre con un tono repleto de curiosidad y tristeza. “Porque cuando fui a mostrarles el dibujo que había hecho con los colores que me regaló la abuela Rosanna, tú y papi me dieron la espalda para mostrarle a Eduardito a la tia Alejandra.”

Anuncios

Charlas con sabor a café


Maria y Gabriela, dos amigas desde la niñez, conversan
sobre sus problemas personales en una pequeña
tienda de café ubicada en la ciudad donde ambas residen.
Ambas mujeres tienen veintiseis años de edad
y contrajeron matrimonio casi que al mismo tiempo hace cuatro años.
A poco tiempo de casarse, cada una dio a luz a un niño.
El hijo de Maria fue llamado Juan, igual que su padre.
El de Gabriela también fue llamado como su padre, Eduardo.

Entre una y otra conversación, Gabriela le dice a Maria:
“Mi amiga, como me gustaría que mi esposo fuera como el tuyo.
Con una fortuna inmensa y que sea un completo extraño para mi hijo.
Estoy cansada de que el mio solo me lleve a Paris o a Londres
una vez al año. Y sobre todo cansada de las burlas que recibo de
la gente al decirme que Eduardo pareciera la mamá de Eduardito.
La gente no entiende que yo nunca quise quedar embarazada y que
Eduardito fue un accidente. Yo no nací para ser madre
y estar cuidando de un niño.”

Maria le contesta: “Mi amiga, no sabes todo lo que yo daría
por que Juan aunque sea una vez abrazara y le proporcionara afecto
a Juancito. Aunque sea una vez mi amiga. Yo lloro todas las noches
pidiendole a Dios que eso suceda. Y con respecto a los
viajes y regalos que mi esposo me concede: Juan siempre me recuerda
que si yo algún dia decidiera abandonarlo, me haría pagarle
hasta el último centavo que ha gastado en mi.”

Ingratitud


El año en el calendario marcaba 1998.
Con muchisimo esfuerzo y sacrificio, Jaime Rodriguez, un padre honrado y trabajador había comprado una computadora.
Luego de efectuar numerosas diligencias, logró dotar la maquina con acceso a Internet.
La felicidad que abundaba en su corazón era monumental al poder presenciar con sus propios
ojos un sitio web llamado Google!. Era el primer sitio web que visitaba y el que a futuro
se convertiría en el más visitado.
El hijo de Jaime, llamado igual que su padre, tenía para aquel entonces diez años de edad.
Era un fanatico ávido de los videojuegos. Solía pasar horas jugando en el Nintendo 64 que su
tio Tomás le había obsequiado para su decimo cumpleaños.
Su madre, Esmeralda de Rodriguez, lo regañaba constantemente por las largas horas que pasaba
frente al televisor jugando a Super Mario 64, el único juego que poseía, también obsequiado por su tio Tomás.
El pequeño niño le contestaba frecuentemente a su madre “Quiero llegar al tope del castillo y para eso necesito
conseguir cientoveinte estrellas mamá. Tengo que trabajar fuerte para alcanzar esa meta.”
Un dia, el padre de Jaime le permitió a su adorado hijo jugar videojuegos
por Internet en su computadora,
con la condición de que al pasar exactamente
una hora, debía apagarla.
De manera muy breve, le enseñó como usar el navegador Internet Explorer y como debía apagar la máquina.
El pequeño Jaime se llenó de una inmensa alegria al poder interactuar por primera vez con aquella apreciada máquina
y conocer cómo era jugar videojuegos por Internet.
Durante una hora exactamente, estuvo divirtiéndose con unos muy divertidos videojuegos alojados en un sitio web llamado
nickelodeon.com.
Este era el sitio web de un canal de televisión infantil que aún hoy en dia sigue cosechando muchos éxitos.
Uno de sus amigos de la escuela, llamado Victor, proveniente de una familia muy adinerada,
fue quién le recomendó dicho sitio web.
Al percatarse de que se había cumplido la hora que su padre le había concedido para usar la computadora, el pequeño
Jaime cerró el navegador Internet Explorer y apagó la máquina tal cual cómo su padre le había enseñado.
Luego de salir de la habitación donde se encontraba la computadora, su padre le preguntó
con una sonrisa inmensa en su rostro, como esas que provienen del alma:
“Mi hijo, que tal te pareció el Internet?”
y el pequeño Jaime le contestó “Como quieres que te responda eso papá? Explicame!
Si solo me dejaste jugar por una estupida hora. El papá de Victor le permite a su hijo jugar todas las horas
que el quiera. Ese si es un buen padre, no cómo tú.”
La sonrisa que iluminaba el rostro del Señor Jaime murió repentinamente cómo producto
de un infarto fulminante al recibir dicha respuesta de su adorado hijo.

Dinero y amor


Un niño le pregunta a sus padres: “Papi, mami, qué es más importante, el amor o el dinero?”
Tanto su madre como su padre le responden de manera inmediata: “Cómo crees tú que tienes el
WiiU y el 3DS con el que juegas todos los dias? Gracias al dinero, no al amor. El dinero
es más importante, hijo.”
El niño le contesta a sus padres: “Okey, papi. Okey, mami. Desde ahora en adelante cuando reze cada noche
no pediré amor. Pediré dinero que es más importante.”

Hijo y papá


El corazón de un padre que vivía todo el tiempo malhumorado y regañando a su hijo de seis años,
ha sido llenado de amor.
¿Por quién?
-Por su propio hijo
¿Cómo?
-Pues, un dia, el padre malhumorado ve a su hijo con dos mangos en las manos. De manera
inmediata, le grita desde lo más profundo de sus pulmones y expulsando el más aberrante
desprecio: “!Maldita sea! ¿Piensas comerte dos mangos? !Dos mangos! !Me das uno en este instante!
¿Quién te ha enseñado a ser egoista ah? !Seguro que tu madre!”
El niño acostumbrado a los gritos, no tiembla en temor. Toma un mordisco en un mango, luego
en el otro. Y le entrega a su papá uno de los mangos y le dice: “Toma, papi. Este es el mango
más rico de los dos.”

Mama e hijo


Mamá, el estar aquí contigo, abrazandote y llenandome de todo tu cariño, es el mejor regalo que yo he recibido.

-Mi hijo bello, el mejor regalo que yo he recibido luego de tu nacimiento,
son estos lentes de realidad virtual que
me permiten abrazarte como si estuvieras vivo una vez más.
Que pases un feliz cumpleaños mi tesoro. Te amo.

-Gracias Mamá. Yo también te amo. Y sabes, estoy super emocionado!
pues el abuelo me dijo que me tiene una muy grata sorpresa

KitKat


Voy a contarles una historia, relata Juan a sus amigos.
Esto le ocurrió hace exactamente siete años a un amigo mio llamado Eduardo.
Era un dia como cualquier otro. Eduardo le daba de comer a su mascota,
una mini poodle que le había regalado su tia Angelica.
La Señora Esmeralda, madre de Eduardo, preparaba el almuerzo para ambos.
Luego de almorzar madre e hijo, la Señora Esmeralda
le pidió amablemente a Eduardo que limpiara su cuarto mientras ella
salía a hacer unas diligencias. Además le dejó bien claro que
para poder jugar con sus juguetes, primero debía limpiar su
habitación y que cuando ella regresará,
quería encontrar el cuarto impecable.
Eduardo aceptó limpiar su habitación y le prometió a su madre
que la dejaría impecable tal cual como ella la quería.
A tan solo un minuto de que la Señora Esmeralda saliera de la casa,
se escuchó un estruendo enorme que asustó inmensamente a Eduardo y a los vecinos
de la urbanización.
La madre de Eduardo había sido asesinada vilmente por un delincuente
para robarle su carro.
El dia del entierro de la Señora Esmerada, Eduardo revisó la caja
donde guardaba sus juguetes y encontró una nota que le
había dejado su madre antes de que está sufriera su
tragica muerte.
La nota decía “De vuelta te traeré los chocolates
que a ti tanto te gustan mi Eduardito. Te amo mi hijo.”
Cada 25 de agosto, Eduardo compra unos KitKat.
Los chocolates que su madre no pudo obsequiarle hace exactamente siete años.