Lagrimas de cenizas


“Mami, tú y papi ya no me quieren!” le exclama el mayor de dos hijos a su madre. “Por qué dices eso hijo?” le contesta su madre con un tono repleto de curiosidad y tristeza. “Porque cuando fui a mostrarles el dibujo que había hecho con los colores que me regaló la abuela Rosanna, tú y papi me dieron la espalda para mostrarle a Eduardito a la tia Alejandra.”

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Hombre de verdad


Luisa se regocija viendo un programa de televisión en la sala de estar.
María, una compañera de clases suya, regresa de la cocina, con unas deliciosas panquecas que ha preparado para ambas.
“Uy, mi amiga, mira a ese hombre, jugando futbol con su hijo. Ese si es un hombre de verdad!”
exclama llena de emoción María, mientras observa con detenimiento la pantalla del televisor.
“Luisa, ven a ayudarme con la silla de ruedas de tu papá por favor. Vamos a ir a colocarle unas flores a tu hermanito”
grita la madre de Luisa desde el patio de la casa.

Consejos de una madre


“Mamá que piensas regalarme para mi cumpleaños?” le pregunta lleno de emoción Juan, un niño de doce años, a su madre. “Mi hijo bello, como regalo por tu cumpleaños numero trece, voy a brindarte tres consejos que te serán utiles para el resto de tu vida”
“Uy mamá yo me imaginaba que me regalarías un xboxone o un playstation cuatro.” le contesta con tono repleto de decepción Juan a su madre.
“Estos consejos que te daré valen mucho más que esos aparatos de entretenimiento, hijo. Escuchame con atención por favor.”
le responde la madre de Juan a su hijo, quién permanece en silencio.
“Consejo número uno: Tu valor como persona equivale a la cantidad de dinero que ganes.”
“Consejo número dos: Tu valor como persona equivale además a que tan grandioso sea tu empleo. No creas que por servir hamburguesas o laborar en una tienda de ropa ganando sueldo minimo, vas a obtener admiración.”
“Consejo número tres: Tu único amigo es el trabajo.”
“Y por último, consejo número cuatro: Olvidate de buscar a una mujer para casarte. Con quién debes casarte es con tu trabajo. Casandote con tu trabajo tendrás muchos hijos, es decir, riquezas a montón. Casas, apartamentos, carros, todo lo que te puedas imaginar.”
“Guao gracias por tus consejos mamá, eres la mejor mamá del mundo. Te quiero mucho”
le contesta Juan a su madre mientras la abraza.

Charlas con sabor a café


Maria y Gabriela, dos amigas desde la niñez, conversan
sobre sus problemas personales en una pequeña
tienda de café ubicada en la ciudad donde ambas residen.
Ambas mujeres tienen veintiseis años de edad
y contrajeron matrimonio casi que al mismo tiempo hace cuatro años.
A poco tiempo de casarse, cada una dio a luz a un niño.
El hijo de Maria fue llamado Juan, igual que su padre.
El de Gabriela también fue llamado como su padre, Eduardo.

Entre una y otra conversación, Gabriela le dice a Maria:
“Mi amiga, como me gustaría que mi esposo fuera como el tuyo.
Con una fortuna inmensa y que sea un completo extraño para mi hijo.
Estoy cansada de que el mio solo me lleve a Paris o a Londres
una vez al año. Y sobre todo cansada de las burlas que recibo de
la gente al decirme que Eduardo pareciera la mamá de Eduardito.
La gente no entiende que yo nunca quise quedar embarazada y que
Eduardito fue un accidente. Yo no nací para ser madre
y estar cuidando de un niño.”

Maria le contesta: “Mi amiga, no sabes todo lo que yo daría
por que Juan aunque sea una vez abrazara y le proporcionara afecto
a Juancito. Aunque sea una vez mi amiga. Yo lloro todas las noches
pidiendole a Dios que eso suceda. Y con respecto a los
viajes y regalos que mi esposo me concede: Juan siempre me recuerda
que si yo algún dia decidiera abandonarlo, me haría pagarle
hasta el último centavo que ha gastado en mi.”

Ingratitud


El año en el calendario marcaba 1998.
Con muchisimo esfuerzo y sacrificio, Jaime Rodriguez, un padre honrado y trabajador había comprado una computadora.
Luego de efectuar numerosas diligencias, logró dotar la maquina con acceso a Internet.
La felicidad que abundaba en su corazón era monumental al poder presenciar con sus propios
ojos un sitio web llamado Google!. Era el primer sitio web que visitaba y el que a futuro
se convertiría en el más visitado.
El hijo de Jaime, llamado igual que su padre, tenía para aquel entonces diez años de edad.
Era un fanatico ávido de los videojuegos. Solía pasar horas jugando en el Nintendo 64 que su
tio Tomás le había obsequiado para su decimo cumpleaños.
Su madre, Esmeralda de Rodriguez, lo regañaba constantemente por las largas horas que pasaba
frente al televisor jugando a Super Mario 64, el único juego que poseía, también obsequiado por su tio Tomás.
El pequeño niño le contestaba frecuentemente a su madre “Quiero llegar al tope del castillo y para eso necesito
conseguir cientoveinte estrellas mamá. Tengo que trabajar fuerte para alcanzar esa meta.”
Un dia, el padre de Jaime le permitió a su adorado hijo jugar videojuegos
por Internet en su computadora,
con la condición de que al pasar exactamente
una hora, debía apagarla.
De manera muy breve, le enseñó como usar el navegador Internet Explorer y como debía apagar la máquina.
El pequeño Jaime se llenó de una inmensa alegria al poder interactuar por primera vez con aquella apreciada máquina
y conocer cómo era jugar videojuegos por Internet.
Durante una hora exactamente, estuvo divirtiéndose con unos muy divertidos videojuegos alojados en un sitio web llamado
nickelodeon.com.
Este era el sitio web de un canal de televisión infantil que aún hoy en dia sigue cosechando muchos éxitos.
Uno de sus amigos de la escuela, llamado Victor, proveniente de una familia muy adinerada,
fue quién le recomendó dicho sitio web.
Al percatarse de que se había cumplido la hora que su padre le había concedido para usar la computadora, el pequeño
Jaime cerró el navegador Internet Explorer y apagó la máquina tal cual cómo su padre le había enseñado.
Luego de salir de la habitación donde se encontraba la computadora, su padre le preguntó
con una sonrisa inmensa en su rostro, como esas que provienen del alma:
“Mi hijo, que tal te pareció el Internet?”
y el pequeño Jaime le contestó “Como quieres que te responda eso papá? Explicame!
Si solo me dejaste jugar por una estupida hora. El papá de Victor le permite a su hijo jugar todas las horas
que el quiera. Ese si es un buen padre, no cómo tú.”
La sonrisa que iluminaba el rostro del Señor Jaime murió repentinamente cómo producto
de un infarto fulminante al recibir dicha respuesta de su adorado hijo.

Hijo y papá


El corazón de un padre que vivía todo el tiempo malhumorado y regañando a su hijo de seis años,
ha sido llenado de amor.
¿Por quién?
-Por su propio hijo
¿Cómo?
-Pues, un dia, el padre malhumorado ve a su hijo con dos mangos en las manos. De manera
inmediata, le grita desde lo más profundo de sus pulmones y expulsando el más aberrante
desprecio: “!Maldita sea! ¿Piensas comerte dos mangos? !Dos mangos! !Me das uno en este instante!
¿Quién te ha enseñado a ser egoista ah? !Seguro que tu madre!”
El niño acostumbrado a los gritos, no tiembla en temor. Toma un mordisco en un mango, luego
en el otro. Y le entrega a su papá uno de los mangos y le dice: “Toma, papi. Este es el mango
más rico de los dos.”