Humana OK


“Mami, anoche tuve un sueño muy feo”, le comenta Sofia, una niña de 10 años, a su madre llamada Esmeralda.

“Ay mi hija preciosa! A ver, como fue ese sueño feo que tuviste?” le contesta Esmeralda a su hija denotando preocupación en su tono de voz.

“Bueno mamí, en el sueño todo era muy silencioso y yo sentía que caía por un tunel oscuro muy profundo. Luego me encontré contigo, pero estabas convertida en un monstruo que me daba mucho miedo! Tu cuerpo se parecía al del monstruo de la pelicula que papí veía en el televisor cuando aún vivía con nosotras. Y estabas cubierta en lagrimas de pies a cabeza mamí”, le cuenta en estado de temor, Sofia a su madre.

Esmeralda permanece en absoluto silencio y asombrada con lo que le cuenta su hija. “Al verte convertida en ese horrible monstruo como el de la pelicula, te grité: Mamí! Qué te ha pasado? y tu me contestaste: Ayudame mi hija! Piensa en el recuerdo más bonito que tengas sobre mí. De inmediato, yo pensé en el momento en el que le celebramos el primer cumpleaños a Rosannita. Enseguida volviste a tener tu aspecto de humana y corriste a abrazarme y me dijiste al oido: Nunca olvides a tu hermana! Al despertar, abrazé muy fuerte a la muñeca con la que jugaba Rosannita cuando aún estaba viva.” termina de contarle Sofia a su madre.

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Tia Nora


“Sofia, recuerda que en un rato tendremos visita de la tia Nora. Por favor preparate para recibirla.”
le notifica Esmeralda a su hija adolescente.
“Está bien mamá. Me arreglo en lo que termine de leer este libro llamado la melancólica muerte del chico ostra”
le contesta Sofia a su madre.
Al marcar las 3:33 en el reloj, la tia Nora arriba a la casa de la familia de tres.
“Mi hermana, que vieja te ves! Como que te está pasando factura que Luis Carlos te haya abandonado.”
le dice con una sonrisa del tamaño del sol, Nora a Esmeralda.
“Y tu hija como que no ha podido cerrar el pico! Sofia, cómo piensas conseguir un novio así?”
continua expresando Nora, sin permitir que su hermana o sobrina puedan contestar.
“Buenas tardes!” exlama Juan, el hijo de Esmeralda, quién llega de la bodega con una bolsa llena
de carne molida y otra de panes para preparar hamburguesas.
“Y esto qué es? Así de chaparro te quedaste mi sobrino? Si vieras como está mi Cristian. Alto, como un
hombre de verdad.”
le hace saber Nora a su sobrino.
Sin que Juan pueda pronunciar al menos una palabra, Nora le expresa a su sobrino:
“Bueno al menos puedes prepararme una hamburguesa con ese pan y esa carne, chaparrin. Desde ahora te voy
a llamar así. Ah y para Sofia no habrá hamburguesa. Hay que ponerle un fin a su enfermedad ya.”

Odio


El odio sólo produce dolor, más para quién lo siente que contra quién se proyecta.
En esta vida, al final, de una manera u otra, todo se paga.
No debemos permitir que nuestra alma esté llena de ira, odio y resentimiento.
Por el contrario, debemos llenarla de amor.
Es evidente que todos poseemos cualidades negativas.
Sin embargo, poseer cualidades negativas no hace maligna a una persona, por lo tanto no se debe generalizar.
El odio es un sentimiento mezquino que debilita nuestras vidas y nos lleva al abismo.
Por eso debemos alejarnos de quién practique el odio y de aquello que sea tóxico.
Debemos acercarnos a quién nos saque una sonrisa y nos proporcione amor.
De lo contrario, ese terrible sentimiento acabará matándonos.

Psicología y Blogueo


Mientras espera que hierva el agua para preparar una deliciosa pasta, Laura, una estudiante de psicología,
revisa algunas publicaciones hechas en un sitio web llamado reddit.
Entre una entrada y otra, encuentra el enlace a un blog llamado odioaloshombres.
Llena de curiosidad, decide visitar dicho blog.
Solo tiene dos publicaciones de hace un año.
El blog posee en su primer articulo, el siguiente mensaje:
“Hola, si eres hombre, sal de mi blog y mátate. Si eres mujer y odias a los hombres, eres bienvenida.
Si eres mujer y quieres a los hombres, sal de mi blog y reconsidera tu vida.
Ahora si, me presento formalmente.
Mi nombre es Jessica. Soy una mujer de 28 años.
Odio a los hombres.
Por qué?
Hace tres años, mi mejor amiga fue brutalmente violada y posteriormente asesinada por un hombre.
Hace falta que te de más explicaciones?”
La otra publicacion contiene los siguientes mensajes:
“Todos los hombres deben morir”, “Les deseo cancer a
todos los hombres” y “Si los hombres pudieran ser violados, desearia que todos lo fueran”
Revisando otro blog, llamado perdonaladios, Laura lee el siguiente articulo:
“Hola, soy Veronica, la hermana de Jessica, la del blog odioaloshombres.
Cómo podrán haberse dado cuenta, ella no ha publicado más articulos desde hace un año.
La razón por la que no lo ha hecho se la describiré brevemente.
Poco tiempo despues de la última entrada que escribió mi hermana en su blog, nuestro padre
falleció a manos de un maligno cancer.
Un dia antes de que muriera, Jessica y yo fuimos a visitarlo al hospital.
Vestida con una camiseta que contenía la frase “Me baño en las lagrimas de los hombres”,
Jessica saludó friamente a nuestro padre, quién descansaba en su habitación.
Éste, con lagrimas en su rostro, nos dijo “Por favor dejenme solo.”
Y así hicimos.
Al dia siguiente, nuestro papá falleció.
La tristeza que me invadió al recibir esa noticia fue inmensa.
Por otro lado, mi hermana se mostró muy poco afectada.
Sin embargo, durante los proximos dias, Jessica empezó a mostrar signos de que no
estaba bien emocionalmente.
Casí no comía, se bebía botellas enteras de vodka y lloraba intensamente en su habitación.
Cargada por la culpabilidad de la muerte de nuestro padre, mi hermana se quitó su vida.
Lo hizo a tan solo una semana del fallecimiento de quién, junto a nuestra madre, nos crió.
Mi hermana, cuanto te extraño. Y a ti también papá. A mamá y a mi nos hacen mucha falta ambos.”
“Oh Dios, el agua que he pueso a hervir!” exclama y sale corriendo a la cocina, Laura.

Que rica hamburguesa


“Te traje una hamburguesa para que cenes, hija. Yo me comí una identica y estaba deliciosa!”
le expresa Carmen, una muy cariñosa madre, a Helena, su hija de 13 años.
“Uy mamá de verdad que está muy sabrosa la hamburguesa. Que exquisitez!”
le contesta llena de emoción la adolescente a su madre.
“Mamá, tienes que decirme, donde compraste esta suculenta hamburguesa? en McDonald’s, en Wendy’s o en Burger King?”
le pregunta inmersa en curiosidad Helena a la mujer que la trajo a este mundo.
“En ninguno de esos restaurantes, hija. Tanto la hamburguesa que yo me comí como esa que te has comido,
las compré en un pequeño negocio que recién abrió en la Avenida Constitución”
le responde la Señora Carmen a Helena.
“Cómo!? Que asco mamá! Es decir, que la hamburguesa que me comí no la compraste en un restaurante de alto prestigio?
Dios, siento ganas de vomitar!”
le contesta llena de repulsión y desagrado la adolescente a su madre.

Charlas con sabor a café


Maria y Gabriela, dos amigas desde la niñez, conversan
sobre sus problemas personales en una pequeña
tienda de café ubicada en la ciudad donde ambas residen.
Ambas mujeres tienen veintiseis años de edad
y contrajeron matrimonio casi que al mismo tiempo hace cuatro años.
A poco tiempo de casarse, cada una dio a luz a un niño.
El hijo de Maria fue llamado Juan, igual que su padre.
El de Gabriela también fue llamado como su padre, Eduardo.

Entre una y otra conversación, Gabriela le dice a Maria:
“Mi amiga, como me gustaría que mi esposo fuera como el tuyo.
Con una fortuna inmensa y que sea un completo extraño para mi hijo.
Estoy cansada de que el mio solo me lleve a Paris o a Londres
una vez al año. Y sobre todo cansada de las burlas que recibo de
la gente al decirme que Eduardo pareciera la mamá de Eduardito.
La gente no entiende que yo nunca quise quedar embarazada y que
Eduardito fue un accidente. Yo no nací para ser madre
y estar cuidando de un niño.”

Maria le contesta: “Mi amiga, no sabes todo lo que yo daría
por que Juan aunque sea una vez abrazara y le proporcionara afecto
a Juancito. Aunque sea una vez mi amiga. Yo lloro todas las noches
pidiendole a Dios que eso suceda. Y con respecto a los
viajes y regalos que mi esposo me concede: Juan siempre me recuerda
que si yo algún dia decidiera abandonarlo, me haría pagarle
hasta el último centavo que ha gastado en mi.”

Ingratitud


El año en el calendario marcaba 1998.
Con muchisimo esfuerzo y sacrificio, Jaime Rodriguez, un padre honrado y trabajador había comprado una computadora.
Luego de efectuar numerosas diligencias, logró dotar la maquina con acceso a Internet.
La felicidad que abundaba en su corazón era monumental al poder presenciar con sus propios
ojos un sitio web llamado Google!. Era el primer sitio web que visitaba y el que a futuro
se convertiría en el más visitado.
El hijo de Jaime, llamado igual que su padre, tenía para aquel entonces diez años de edad.
Era un fanatico ávido de los videojuegos. Solía pasar horas jugando en el Nintendo 64 que su
tio Tomás le había obsequiado para su decimo cumpleaños.
Su madre, Esmeralda de Rodriguez, lo regañaba constantemente por las largas horas que pasaba
frente al televisor jugando a Super Mario 64, el único juego que poseía, también obsequiado por su tio Tomás.
El pequeño niño le contestaba frecuentemente a su madre “Quiero llegar al tope del castillo y para eso necesito
conseguir cientoveinte estrellas mamá. Tengo que trabajar fuerte para alcanzar esa meta.”
Un dia, el padre de Jaime le permitió a su adorado hijo jugar videojuegos
por Internet en su computadora,
con la condición de que al pasar exactamente
una hora, debía apagarla.
De manera muy breve, le enseñó como usar el navegador Internet Explorer y como debía apagar la máquina.
El pequeño Jaime se llenó de una inmensa alegria al poder interactuar por primera vez con aquella apreciada máquina
y conocer cómo era jugar videojuegos por Internet.
Durante una hora exactamente, estuvo divirtiéndose con unos muy divertidos videojuegos alojados en un sitio web llamado
nickelodeon.com.
Este era el sitio web de un canal de televisión infantil que aún hoy en dia sigue cosechando muchos éxitos.
Uno de sus amigos de la escuela, llamado Victor, proveniente de una familia muy adinerada,
fue quién le recomendó dicho sitio web.
Al percatarse de que se había cumplido la hora que su padre le había concedido para usar la computadora, el pequeño
Jaime cerró el navegador Internet Explorer y apagó la máquina tal cual cómo su padre le había enseñado.
Luego de salir de la habitación donde se encontraba la computadora, su padre le preguntó
con una sonrisa inmensa en su rostro, como esas que provienen del alma:
“Mi hijo, que tal te pareció el Internet?”
y el pequeño Jaime le contestó “Como quieres que te responda eso papá? Explicame!
Si solo me dejaste jugar por una estupida hora. El papá de Victor le permite a su hijo jugar todas las horas
que el quiera. Ese si es un buen padre, no cómo tú.”
La sonrisa que iluminaba el rostro del Señor Jaime murió repentinamente cómo producto
de un infarto fulminante al recibir dicha respuesta de su adorado hijo.