Tia Nora


“Sofia, recuerda que en un rato tendremos visita de la tia Nora. Por favor preparate para recibirla.”
le notifica Esmeralda a su hija adolescente.
“Está bien mamá. Me arreglo en lo que termine de leer este libro llamado la melancólica muerte del chico ostra”
le contesta Sofia a su madre.
Al marcar las 3:33 en el reloj, la tia Nora arriba a la casa de la familia de tres.
“Mi hermana, que vieja te ves! Como que te está pasando factura que Luis Carlos te haya abandonado.”
le dice con una sonrisa del tamaño del sol, Nora a Esmeralda.
“Y tu hija como que no ha podido cerrar el pico! Sofia, cómo piensas conseguir un novio así?”
continua expresando Nora, sin permitir que su hermana o sobrina puedan contestar.
“Buenas tardes!” exlama Juan, el hijo de Esmeralda, quién llega de la bodega con una bolsa llena
de carne molida y otra de panes para preparar hamburguesas.
“Y esto qué es? Así de chaparro te quedaste mi sobrino? Si vieras como está mi Cristian. Alto, como un
hombre de verdad.”
le hace saber Nora a su sobrino.
Sin que Juan pueda pronunciar al menos una palabra, Nora le expresa a su sobrino:
“Bueno al menos puedes prepararme una hamburguesa con ese pan y esa carne, chaparrin. Desde ahora te voy
a llamar así. Ah y para Sofia no habrá hamburguesa. Hay que ponerle un fin a su enfermedad ya.”

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Lagrimas de cenizas


“Mami, tú y papi ya no me quieren!” le exclama el mayor de dos hijos a su madre. “Por qué dices eso hijo?” le contesta su madre con un tono repleto de curiosidad y tristeza. “Porque cuando fui a mostrarles el dibujo que había hecho con los colores que me regaló la abuela Rosanna, tú y papi me dieron la espalda para mostrarle a Eduardito a la tia Alejandra.”

Cuidado Perrito


Esmeralda, una viuda con dos niñas, iba camino a un restaurante de comida rapida muy reconocido.
En sus manos cargaba a su hija menor, una preciosa bebé de seis meses llamada Rosanna.
Junto a a ella, caminaba alegramente su adorable hija mayor de 6 años llamada Isabela.
“Mami, dame tu mano. Como me la daba papi cuando salíamos”
le pidió la pequeña Isabela a su madre.
“Que?! Hazme el favor Isabela Margarita! Ya tu estás muy grande para que yo
te éste agarrando de la mano!”
le contestó con un tono repleto de amargura, Esmeralda a su hija.
“Cuidado perrito!”
exclamó Isabela, antes de ser atropellada y dejada sin vida por un conductor que manejaba a toda velocidad.