Consejos de una madre


“Mamá que piensas regalarme para mi cumpleaños?” le pregunta lleno de emoción Juan, un niño de doce años, a su madre. “Mi hijo bello, como regalo por tu cumpleaños numero trece, voy a brindarte tres consejos que te serán utiles para el resto de tu vida”
“Uy mamá yo me imaginaba que me regalarías un xboxone o un playstation cuatro.” le contesta con tono repleto de decepción Juan a su madre.
“Estos consejos que te daré valen mucho más que esos aparatos de entretenimiento, hijo. Escuchame con atención por favor.”
le responde la madre de Juan a su hijo, quién permanece en silencio.
“Consejo número uno: Tu valor como persona equivale a la cantidad de dinero que ganes.”
“Consejo número dos: Tu valor como persona equivale además a que tan grandioso sea tu empleo. No creas que por servir hamburguesas o laborar en una tienda de ropa ganando sueldo minimo, vas a obtener admiración.”
“Consejo número tres: Tu único amigo es el trabajo.”
“Y por último, consejo número cuatro: Olvidate de buscar a una mujer para casarte. Con quién debes casarte es con tu trabajo. Casandote con tu trabajo tendrás muchos hijos, es decir, riquezas a montón. Casas, apartamentos, carros, todo lo que te puedas imaginar.”
“Guao gracias por tus consejos mamá, eres la mejor mamá del mundo. Te quiero mucho”
le contesta Juan a su madre mientras la abraza.

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Asperger


Gracias por permitirme conversar con ustedes en esta reunión. Mi nombre es Henry. Odio admitir que tengo el síndrome de Asperger. He sido victima de acoso y burlas a causa de este síndrome la mayor parte de mi vida . Bueno desde los primeros años de la escuela primaria. A partir de ahí he sido victima de acoso y burlas hasta ahora. En la actualidad tengo diecisiete años y pronto comenzaré la universidad. No logro comprender como he durado tantos años de vida. He sido maltratado por un montón de gente durante tanto tiempo que muchas veces deseo que mi vida acabe. Aunque luego me siento horrible por tener esos pensamientos. Ya que son pocos los que están aquí en este salón, compartiré con ustedes algo que me sucedió cuando tenía diez años de edad. Recuerdo eran las doce y treinta del mediodia un trece de mayo del 2008. Yo acompañaba a mi mamá a realizar unas compras en un mini mercado llamado “Valentina” ubicado en la calle “Margarita”. Como era martes, había poca gente comprando asi que me sentía más o menos tranquilo. Mientras mi mamá pagaba por los productos, dos carcineros empezaron a discutir ruidosamente y yo sentía como si mi mente era perforada por un taladro. Cada vez escalaba más la intensidad de los gritos y yo lloraba inconsolablemente pues no soportaba tal tormento.Las risas y los comentarios de las personas que estaban en el mini mercado en ese momento aún me perturban hoy en dia. Recuerdo a una señora de cabello largo y de piel clara que se reía a carcajadas mientras otra señora de cabello corto y piel oscura decia “Y a ese niño loco que le sucede?” “Estas madres de hoy dia que no saben educar a sus hijos” “Y que ocurrió luego Henry? cuentanos por favor”, pregunta Rosanna, una asistente de la reunión, llevada a cabo en el salón principal del centro de apoyo a adolescentes con Asperger de Santa Rita.
“Mi mamá me tomó del brazo, dejando los productos que ya había pagado, y nos fuimos a casa rapidamente en el coche.” “Por qué tu mamá no les dijo algo a esas señoras?”, pregunta Esmeralda, otra integrante del grupo. “Pues, recuerdo que cuando yo le hize esa pregunta, ella solo me contestó: Ellas no entenderían tu problema, mi tesoro. No lo entenderían.”

Que rica hamburguesa


“Te traje una hamburguesa para que cenes, hija. Yo me comí una identica y estaba deliciosa!”
le expresa Carmen, una muy cariñosa madre, a Helena, su hija de 13 años.
“Uy mamá de verdad que está muy sabrosa la hamburguesa. Que exquisitez!”
le contesta llena de emoción la adolescente a su madre.
“Mamá, tienes que decirme, donde compraste esta suculenta hamburguesa? en McDonald’s, en Wendy’s o en Burger King?”
le pregunta inmersa en curiosidad Helena a la mujer que la trajo a este mundo.
“En ninguno de esos restaurantes, hija. Tanto la hamburguesa que yo me comí como esa que te has comido,
las compré en un pequeño negocio que recién abrió en la Avenida Constitución”
le responde la Señora Carmen a Helena.
“Cómo!? Que asco mamá! Es decir, que la hamburguesa que me comí no la compraste en un restaurante de alto prestigio?
Dios, siento ganas de vomitar!”
le contesta llena de repulsión y desagrado la adolescente a su madre.

Amor prohibido


Hace veinte años, la felicidad tan esperada al fin había arribado a las vidas de los Rodriguez.
Los Rodriguez son una pareja de casados que luego de
haber contraido matrimonio, atravesaron muchisimas
dificultades para formar una familia.
Maria Gabriela de Rodriguez y Luis Carlos Rodriguez se conocieron
en la iglesia donde cada domingo asistían a orar y escuchar
las palabras de su idolatrado sacerdote.
Ambos eran y siguen siendo fieles practicantes de la religión que los une.
La primera vez que los ojos de Maria Gabriela y los ojos de Luis Carlos hicieron contacto,
los corazones de ambos seres latieron tan fuerte y tan rápido como los tambores
de una furiosa melodia tropical.
Con el pasar del tiempo, el amor entre Maria Gabriela y Luis Carlos crecía
de manera exponencial.
Durante sus primeros meses de noviazgo, solian decirse mutuamente como si fueran versos de la Biblia:
“Profesamos nuestro amor hacia Cristo, nuesto Creador, mediante el
vinculo que formamos al unir nuestros labios”
“Como hombre y mujer que somos, nuestro amor es puro y correcto. Como
fue el de Adan y Eva. Ahora solo nos falta el fruto de nuestro amor”
A tan solo 3 meses de vivir muchas alegrias siendo novios, Maria Gabriela
y Luis Carlos decidieron unificar sus sentimientos bajo el lazo del matrimonio.
Ambos estaban tan felices de poder casarse y formar una familia.
Sin embargo, la pareja enamoradiza vivió durante varios meses una pesadilla
emocional al no poder engendrar el fruto de su amor.
Fue un periodo lleno de tempestad en el que abundaban
intensas discusiones producto de no poder obtener lo que tanto deseaban.
Sin embargo, a pocos dias de cumplir seis meses de casados, la pareja
recibió la fabulosa noticia de que iban a tener un bebé.
Esta noticia pulverizó la tempestad que durante meses atormentó a la pareja.
Esta noticia llenó a Maria Gabriela y a Luis Carlos de la más profunda alegria.
Dedicieron llamar a su hijo, Jesús, por rendirle honores a Jesucristo, a quién le daban las gracias
por el milagro que éste les habia concedido.
Jesús vivió una niñez llena de muchisimo amor y cariño que recibía de sus padres, familiares y amigos
quienes lo querían inmensamente.
Lamentablemente, todo esto cambió cuando Jesús se adentró en la adolesencia.
Su comportamiento era distinto al de sus compañeros varones de su escuela.
Mientras estos hablaban llenos de regocijo de las chicas más bellas del salón, Jesús denotaba
sentirse tan incomodo cómo pajaro dentro de una jaula deseando libertad.
Esto levantaba sospechas entre sus compañeros quienes no se tardaron mucho para
burlarse de Jesús usando multiples palabras difamatorias en su contra.
Esto hacía sentir muy mal a Jesús, quién lloraba en su habitación frecuentemente sin que
sus padres lo notaran.
En una fiesta organizada por la estudiante más popular de su salon, Jesús experimentó su primer
beso a la edad de doce años.
Dicho beso fue tan mágico para Jesús, que al llegar de la fiesta,
esté decidió contarle sobre su experiencia a sus padres. Estaba tan emocionado
para expresarle a la Señora Maria Gabriela y al Señor Luis Carlos
que él ya era todo un hombre pues sus labios habían hecho contacto
con los de otra persona.
“Mami, papi. Ya soy un hombre. Hoy tuve mi primer beso.” les expresó lleno de alegria Jesús a sus padres.
“Oh que bien hijo! Eso nos hace muy felices a tu papá y a mi! Cuentanos, ¿quien es la chica afortunada?”
le respondió la Señora Maria Gabriela a su hijo, mientras
el Señor Luis Carlos cargaba una sonrisa del tamaño del sol en su rostro.
“Afortunada? Querrán decir afortunado. Se trata de Eduardo. Ustedes lo conocen. Mi mejor amigo.”
Las unicas palabras que salieron de las bocas de los padres de Jesús fueron las siguientes:
Por parte de su madre:
“Desde este momento, dejas de ser nuestro hijo, Jesús. Seguirás viviendo con nosotros pero como si
fueras un huesped de este hogar. No te imaginas el daño que nos has ocasionado. Estamos tan decepcionados de ti, Jesús.
Ah y otra cosa! Si nos enteramos que has vuelto siquiera a hablar con el enfermo de Eduardo, te botaremos de esta casa.”
Por parte de su padre:
“Has destrozado el amor tan grande que teníamos por ti, Jesús. Nosotros no te criamos para que nos salieras con esta
traición. Peor que traición, una cochinada total. Esto que has hecho es inaceptable.
Tu madre y yo te educamos con los mejores modales y valores. Con los mejores modales y valores!
Y así nos pagas, Jesús? Como te ha dicho tu madre, desde este momento dejas de ser nuestro hijo. Y más te vale
que no vuelvas a hablar con el enfermo ese de Eduardo”
Las incontables lagrimas que derramó Jesús en ese instante y durantes años posteriores, lo atormentan hasta el dia de hoy.
Fueron cinco años infernales los que vivió Jesús en casa de sus padres desde ese momento.
Cinco años infernales recibiendo burlas de todo aquel que conocía sobre su orientación sexual.
En el liceo, en la calle, donde fuera.
Sin embargo, el peor infierno lo vivía Jesús dentro de su alma,
pues durante su adolescencia tuvo que abstenerse de tratar a Eduardo, el joven a quién quería con todas sus fuerzas.
La familia de Eduardo por el otro lado, aceptaron con una condición la orientación sexual de su hijo cuando éste
les expresó lo que sentía por Jesús. La condición fue que hasta que tanto él cómo Jesús no cumplieran la mayoria de edad,
debían abstenerse de las demostraciones de afecto. Le dijeron “Tú y Jesús pueden quererse con todas sus fuerzas. Pero
nada de demostraciones de afecto hasta que ambos tengan dieciocho años”
Al cumplir la mayoria de edad, Jesús decidió irse de su casa contando con el apoyo de Eduardo. Ya no soportaba
más los maltratos que recibía por parte de sus padres.
En la actualidad, Jesús y Eduardo viven felizmente juntos en un modesto
pero acogedor apartamento, pagado con el dinero que ambos ganan trabajando.